El pobre viejo.
13 AG 2023
El 27 de Septiembre de 1977 escribí:
En la puerta de su casa, en el portal, está sentado el pobre viejo. El portal es bajo, las rodillas esconden medio cuerpo doblado. Es como un viejo arrugado. Nuestro viejo tiene muchos años, casi un siglo. No habla. Solo mira a los que pasan. Yo lo veo cuando paso todos los días. El color de su cara es blancuzco, algo amoratado. Cualquier día dirán que ha muerto. O no lo dirán pero ya no estará en la puerta como ahora. Habrá cruzado la raya, la meta señalará a su vida.
Cuando lo miro yo quisiera preguntarle: “¿Qué piensas, viejo?, ¿Qué sientes?”. Pero sé que no responderías. Este hombre es como una silla que sacaban a la puerta como un perrillo. Yo siento tal lástima cuando le veo, que correría a llevarle sangre joven, sabia nueva, bríos para que mirara de otro modo, para que hablara y se moviera. Pero es inútil. Mi pobre viejo se muere, lo dice su cara, su mirada, sus manos. Todo en él está acabando.
Yo quisiera preguntarle a gritos: “¿Qué estás pensando?”, “¿Qué esperas?”. Creo que un hombre así no espera nada. Sería triste que este viejo pensara. Me alegra pensar que un viejo así no piensa en nada, porque sería triste que este viejo, pisando la otra vida mirara atrás y se viera más joven, más fuerte y comparara. Es un consuelo saber que no piensa, que mira sin ver apenas, sin comprender, sin comparar.
FUTURIBLES
He pensado muchas veces, y hoy no sé por qué, con más seguridad que nunca, que el niño lleva con él desde su nacimiento, cuanto haya de tener más tarde. No sé si me explico. Quiero decir que cuando uno nace, su naturaleza guía su desarrollo. Y hagamos lo que hagamos, la naturaleza, indesviable, dará en su desarrollo lo que lleve para dar. El niño que es inteligente será inteligente; el niño que es torpe, será torpe y esto de tal modo que no me preocupan nada métodos o sistemas escolares. No nos esforcemos tanto en nuestras escuelas de métodos personalizados ni de grupos homogéneos. La naturaleza está por encima de esas sutilezas. Demos enseñanzas generalizadas y cada niño recogerá lo que deba coger según la naturaleza le permita. Ni más, ni menos.
Lo mismo que pienso cuando veo a mis hijos crecer: que hayan tenido suerte. Su suerte o su poca suerte ya la llevan con ellos, solo queda esperar. Ni milagros se han de esperar, ni fracasos se han de temer. La naturaleza de cada uno irá marcando su camino. Indesviable. La naturaleza de cada uno irá mostrando a cada uno lo suyo.
El papá.
Comentarios
Publicar un comentario