No se quiere al superior.
03-08-23
Santa Ana, jueves, 10:33, con chicharras y sol, muchas chicharras y mucho sol. Enfrente, la piscina rebosante de agua, que me invita a zambullirme. ¿En ella? ¿Con ella? -“Esta tarde, como ayer, como todas las tardes; no me tientes, piscina”,- -le digo-. Mamá y Lina en el comedor, con noticias de la JMJ en Portugal, con el Papa Francisco y nietos.
13 septiembre 77. Digo que seré Inspector. Y la verdad es que corren malos tiempos para la Inspección. La Democracia no se quiere entender como es debido. Resulta que en España, desde que se implantó hace menos de un año, nadie quiere la Inspección.
La Dirección corre la misma suerte. Hace años, el sueño dorado de los maestros era llegar a ser Inspector. Fue por entonces que a mí se me coló esta idea en la cabeza, y como voluntad no me ha faltado, con esa idea empecé a estudiar una carrera universitaria.
Ahora que me encuentro a un paso de acabarla, no es que lamente haber perdido este tiempo con los estudios de Filosofía y Letras, pero comprendo que es distinto.
La Ley de Educación de Villar Palasí, de agosto del año 1970, dio a las escuelas el pomposo nombre de Colegios Nacionales y a los maestros el de Profesores de Educación General Básica. En cambio, suprimió oficialmente del mapa nuestro Cuerpo de Directores Escolares -Cuerpo a extinguir-. Y el de Inspectores, si no quedó suprimido, quedó como asustado, paralizado, marginado en un rincón de las Delegaciones Provinciales de Educación, esperando conocer hasta el presente, qué misión específica es la suya. Lo cierto es que siendo Inspector todavía de Enseñanza Primaria, no son Inspectores de nada, porque la Enseñanza Primaria dejó paso a la Educación General Básica. Ésta es la triste realidad: que un Inspector hoy no tiene libertad para visitar un colegio.
En España, los Inspectores hacen falta. Creo que es nación que pide inspecciones. Somo así los españoles: dados a esquivar nuestro deber, dados a dormir si no nos vigilan, a llegar tarde. La indolencia forma parte del español. Y es curioso, el orgullo también. El español es orgulloso, se cree más que nadie, que no necesita a nadie, que es autosuficiente.
Y su orgullo le lleva a despreciar al Inspector como vigilante de su trabajo. Pero en el fondo, el Inspector es necesario, el español necesita que otra persona, llámese Inspector, supervisor o como se quiera llamar, le vigile.
Hoy corren malos tiempos para los Inspectores. Democracia es sinónimo de igualdad. No se quiere al superior. La jerarquía se desprecia. Todo va un poco a la deriva. España no es una nación de Democracia, si Democracia se entiende así. Creo que la masa, ese peón que no sabe leer, no está preparado para opinar, para decidir, para gobernar. España necesita un mando rígido, una Inspección férrea que haga cumplir, es lo que más le conviene a todos. Será la forma de que en España tengamos paz y nos sintamos como en la propia casa.
El papá.
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