Biorritmos.
15 AG 2023
Virgen de la Asunción o Asunción de Nuestra Señora.
Del diario que encontré: 29 Septiembre 1977.
Ayer un padre vino a quejarse. Es una queja que por desgracia se repite: “el maestro le ha pegado a mi hijo, ¿no hay otra forma de castigar”. Los padres llevan razón. Yo soy padre y no quisiera que a mis hijos les pegaran. Dice poco del maestro de turno. El maestro que recurre al palo para mantener la disciplina en la clase, ni es maestro, ni consigue el orden, ni educa. Su escuela se convierte en un rincón indeseable donde se malforma, se maleduca, se maltodo.
Ayer leí en Selecciones de octubre -que ya ha venido- un artículo sobre biorritmos o ritmos biológicos.Es curioso. Sin la precisión de los veintitrés días que fija para los ritmos en la persona, ¿quién no ha observado que hay días buenos en los que todo sale bien y días malos en los que nos ocurre lo contrario? Tiene relación con un artículo que me publicaron en los periódicos que titulaba “el humorímetro”.
Yo lo achaco al tiempo. Sea una u otra la causa, lo cierto es que tenemos días buenos y malos. Y yo me pregunto: ¿somos responsables de nuestros actos? En ocasiones no. El paso de los ritmos, de los cambios, de los trastornos psíquicos, fisiológicos, mentales, biológicos en suma, es aplastante.
Con todo, nos hacen responsables de cuanto hacemos y decimos. El maestro debe reportarse mucho; trata con niños y no debe descargar su irritabilidad con los pequeños. Por su bien el maestro debe frenar sus impulsos violentos. Pero, ¡qué difícil gobernar sus instintos, sus cambios, sus humores¡ Qué difícil es ser dueño de sí y obrar como en sus buenos días.
Pero debe procurarlo. El padre del niño tiene igualmente sus días, altibajos biológicos, que pueden llevar y que llevan a enfrentamientos violentos muchas veces.
Un juez inteligente, neutral, objetivo, no sabría dar la razón a ninguno de los dos. Vería en medio, como un duendecillo travieso, al diablo en forma de cambio biológico que jugaba su faena. El padre grita con razón y el maestro no tiene la culpa: estaba fuera de él obrar mejor. Y no se entienden. En todos hace falta una buena dosis de caridad en nuestras acciones. Si nos quisiéramos más y nos comprendiéramos mejor seríamos distintos. Yo disculpo a los que pegan y a los que no. Al padre y al maestro, porque sé que no son ellos sino los duendes que llevan entre los entresijos de su cuerpo los que obran.
OBRAS
Son las siete de la mañana. Todos duermen menos Ángel Inocencio que lee a mi lado con su pijama de rayas azules. Hoy debo dar al constructor doscientas mil pesetas a cuenta de las obras del chalet. Dentro de unos días tendré que pagar en la Caja de Ahorros otra cantidad importante. Son días difíciles: de aquí saco y aquí pongo. Las obras nos están haciendo pasar momentos de grandes apuros. Veremos a ver cómo salimos de este laberinto en que nos encontramos.
El papá.
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