Cuaderno del 77

22 Julio 2023

Santana, en el comedor, “it’s half past nine”. Mamá desayuna en la puerta de la cocina con sus amigos los gatos, Lina en su habitación, y mañana votaciones en Murcia, ¿iremos? ¿no iremos? Luego te lo cuento.

He visto un cuaderno entre cartas y fotos del año catapún de singular importancia familiar.

En él cuento lo que sucedía por el año 1977. ¿Quién me iba a decir a mí que 50 años más tarde leería lo que contaba? A mis hijos puede interesar, y a sus hijos, porque cuento cómo eran de pequeños.

“6 Septiembre 1977, martes. Estamos otra vez en vísperas de empezar un nuevo curso escolar. El ambiente lo manifiesta de mil maneras: el fresco, las tardes que se acortan, las madres que preguntan, los exámenes del mes, todo.

Las cosas se van disponiendo con tiempo para en su día estar a punto. Esto ocurre siempre, aunque no nos demos cuenta. Y ocurre no porque una fuerza ciega -determinismo- lo conduzca a su fin sin nuestro concurso. Es porque de antemano nuestra mente dispone las cosas y las ordena para que se dispongan en tal o cual sentido. Y así, cuando nace la criatura ha habido una gestación previa, callada, casi inadvertida, que la ha hecho posible. Digo esto porque conforme se acerca la fecha del comienzo del nuevo Curso escolar, voy pensando en los pequeños detalles que harán posible empezar debidamente, sin tropiezos, que harían imposible el normal funcionamiento de un centro docente.

En mi calidad de Director he preparado locales para todos los Cursos, he ordenado su limpieza, dispuesto los niveles a profesores, etc, etc.

La casa.

Hoy nuestra casa es un modelo de trabajo, de paz, de orden, de serenidad. Que Dios nos la conserve así por mucho tiempo. Pascuala se revela como la perfecta mujer, la perfecta casada de fray Luis. Con alegría y entereza lleva el timón del hogar sin descuidar ni un solo detalle. Por si fuera poco llevar la casa -5 hijos menores de 10 años- con comidas, compras, lavados de ropa, planchados, limpieza de la casa, pinta y restaura cuadros. Ahora tiene en la casa dos cuadros grandísimos de Santana, -del padre Mancebón y del padre Félix-; otro de un médico de Cieza; otro más pequeño, todos para restaurar y espera otros varios. Estos trabajos nos permiten afrontar los gastos de obras que hemos emprendido en la parcela del Roalico, a la entrada del pinar santanero. Obras valoradas en casi tres millones de pesetas. Mi gran señora me regala cheques de veintemil duros de vez en cuando con su trabajo, lo que permite llevar adelante esta locura de obra que a tantos -hermanos, parientes y amigos- desconcierta y confunde.

Mis hijos.

Mis hijos son normales y sanos de cuerpo y espíritu. Francisco Amós, que cumplirá 10 años en diciembre, ha hecho 4º nivel de EGB, con notas brillantes. Es observador e inteligente. Creo que una firme promesa para carrera superior en el futuro. Pascual Jesús tiene una memoria fenomenal. El estudio de inglés no le va mal. Aunque obra muchas veces, sin darse cuenta, con afán de que lo vean, de sobresalir -¿complejo de inferioridad? (¿por qué diría yo eso?)- no se resigna a ser menos y ello le perjudica, porque deja de ser sincero, espontáneo y libre de prejuicios.

Ángel Inocencio es un encanto. Solo quiere agradar y hacer felices a los que tiene cerca. Es inteligente y despierto: inventa cuentos, hace crucigramas, dibuja, inventa cosas… lee sin cesar libros y aplica enseguida lo que lee a su vida. Va adelantado a sus pocos años. Lástima que sus nervios no le dejen en paz. Si con el tiempo supera este de “sinerginas” y encefalogramas a que está sometido como camisa de fuerza, que lo aprisiona, creo que se disparará hacia arriba como la espuma, como un Einstein o un Edison.

Miguel empieza a manifestarse, a decir aquí estoy yo. Tiene gran personalidad a sus tres años, fuerte genio, se rebela contra lo que cree injusto y todo, claro, a sus tres años. Muy sensible, llora y ríe con las películas, tiene miedo si ve algo que le asusta, etc. En fin, despierto e inteligente, fuerte, valiente y de gran sensibilidad. Quiere, sobre todo, que su papá salga a la calle con él solo y le hable como a persona mayor.

Luego está Lina, la muñeca de la casa, la que se chupa el dedo pulgar como si fuera un caramelo. La que necesita que el papá le de la mano cuando se acuesta en su cuna para dormir. “No te chupes el dedo” “Un poco y ya está, ¿vale?”. La que quiere que le cuente el cuento de los cabrititos en la siesta. “Uno y ya está, luego a dormir”. Nuestra brujita que asusta de ver lo que sabe. Sabe más que le han enseñado. Creo que nació sabiendo porque es imposible que haya aprendido tanto en tan poco tiempo. Se ríe con picardía, pide con malicia, etc. En suma, se le ve una inteligencia extraordinaria”.

El papá.

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