Don José.
29 julio 2023
Santana, sábado, 10:33, en el comedor; mamá con los gatos en la puerta de la cocina. Lina se prepara para bajar al pueblo.
Yo también estuve entretenido con los gatos. Hoy había cuatro gatos y Sara. Les echaba triskis -comida de gatos- y los observaba. Aparte de Sara, se juntan un gatazo negro, un gatito negro también, la gata parda con lunares blancos y un gatito pardo con lunares blancos.
Se ve a la legua que la gata grande es la madre de los gatitos; que el gato negro es el padre del gatito negro y el blanquipardo de padre desconocido. La madre es racista: le bufa a los negros, no les deja acercarse a la comida, los tiene a raya. Deja solo al pequeño blanquipardo.
Sigo con una copa que me dieron en un concurso -9 de septiembre de 1977-: durarán menos sin duda, los diplomas y títulos -afanes de nuestra vida- que llegamos a conseguir como trofeos inapreciables en nuestro vivir.
La copa es menos deleznable, pero el papel apenas llegará más allá de los hijos. Y quizás ni a la raya de nuestra vida. Por eso, tengo pensado, para curiosidad de los hijos, tal vez, para un posible “curriculum vitae”, que tan de moda está, hacer memoria y acopio de estos premios conseguidos a lo largo de mi ya larga carrera de años -44 en estos momentos-. La vida cuando se mira hacia atrás se ve cortísima: cuatro o cinco hechos destacados poco trascendentes siempre, pero que en su momento tuvieron su importancia y quién sabe si determinaron el futuro de esta persona.
En la mía advierto que, por períodos de diez años o décadas, han ocurrido cosas decisorias: mis primeros diez años están marcados con el signo de la casa y la escuela, años de la guerra y del hambre, de zanahorias cocidas y pan de maíz o de cebada.
De diez a veinte años, o sea, de 1943 a 1953, mi vida transcurre en un Colegio de Enseñanza Media llamado San Francisco; de años de estudio de la carrera de Magisterio. Estos dos hechos abarcan sin duda mi segunda década. De “San Francisco” cuántos recuerdos, unos buenos y otros mejores. Don Máximo daba Latín, don Baldomero Matemáticas; doña Mariana, Literatura; don Ambrosio, Ciencias; don Juan Paco, Religión; don Ausencio, Francés. Hice siete cursos y Examen de Estado sin tropiezos. Sólo pensaba en estudiar.
Los estudios de Magisterio se los debo a don José Yagüe Ortuño. Con él por libre fui preparando cursos cada verano. Y así, cuando terminé quinto de Bachillerato en junio, aprobé Ingreso de Magisterio en Septiembre. El verano siguiente aprobé primero de la carrera; con septiembre de Bachillerato, hice segundo de Magisterio. El año siguiente terminé la carrera y al siguiente aprobé oposiciones en Teruel.
Digo que debo en parte la carrera a don José, porque él aconsejó a mi padre que estudiara Magisterio en los veranos. Don José, amigo de mi padre, trabajador incansable, influyó, qué duda cabe, en mi futuro. Con él, año tras año, verano tras verano, recorrí los libros de Pedagogía, Paidología, Psicología, etc. Y con él preparé los temas de una oposición que aprobé a la primera tentativa.
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