El padre Ángel.
17 agosto 2023
Anoche se celebró en Jumilla la fiesta de la vendimia, o del primer mosto, o del Niño de las Uvas, con participación de los Coros y Danzas, pisa de racimos locales y foráneos, autoridades y pueblo en general en la Glorieta, con Alfonso de locutor explicando como en Semana Santa, los pasos del del proceso que se sigue de la viña al vino embotellado. Se vio en la “siete” de televisión.
Escribí el 2 de Octubre de 1977:
Anteayer subimos a Santana mi mujer y yo. Nos recibió el Padre Ángel en una sala pequeña conforme se entra del atrio a la izquierda. Una salita dispuesta por los frailes para recibir sus visitas: una mesa baja, unas sillas y un cuadro. Sobriedad. La vida de los frailes se distingue por la sobriedad. La salita es acogedora dentro de su más estricta sobriedad. El cuadro es una aparición de la Virgen a un fraile que mira extasiado a la Señora. Dominan los azules. Es una pintura del murciano Barberán. El fraile del cuadro parece estar vivo. Es de un realismo impresionante.
Hablamos del valor de la renuncia. Sé que hace unos días hablaba en estas hojas de lo mismo. No sé si agoté el tema o me voy a repetir. No releo lo que escribo a “vuelaboli” diré.
Le hablé al Padre Ángel de lo que estimo la renuncia. Y que al final está el fraile de Asís. El hombre debe llegar a gozar con sus renuncias. No sé si está claro lo que quiero decir. Renunciar es prescindir de cuanto nos encadena: el tabaco, la bebida, el juego, ciertas lecturas, ciertas películas. Voluntariamente, como un juego, a ver quién puede más, renunciar a más cosas. Y en ese juego llegar más lejos, pues vale la pena. Si consigo renunciar a todo lo material renunciable, prescindible, no necesario, ahí está la felicidad. Ahí, en su recóndito y misterioso lugar se encuentra. No digo que en otros lugares no se halle. Pero que ahí, en el final de las renuncias mana abundantemente no hay duda.
El hermano fray Cándido, le regaló a mi mujer una talla de un fraile hecho por él mismo con madera de ciprés. Debajo escribió una cita de San Francisco que explica con pocas palabras lo que trato de decir: “ El que a ser pobre se acostumbra, cuando ya no tiene nada, le sobra todo”. Sí, cuando somos dueños de nada, todo nos sobra.
Si la doctrina de la renuncia se propagara, si por un milagro todos la siguiéramos, lo tendríamos todo porque todo nos sobraba.
El papá.
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