La máquina y la vid.
28 julio 2023
Santana, viernes, 10:30, en la jaula acompañado del concierto chicharrero. Mamá en el comedor, Lina en Murcia, Mariví tendiendo ropa.
LO ESCRIBÍ EL 9 DE SEPTIEMBRE DE 1977
Encima del armario de mi dormitorio hay una Copa grande, como las que se ganan en los Juegos Olímpicos. La base es de madera tallada y pesa bastante. Me la concedieron hace unos días como Primer Premio en un Concurso Local de Poesía.
La Poesía premiada la titulé “La máquina y la vid”. El Concurso fue organizado en las Fiestas de Agosto -la Feria-, patrocinado por la Comisión de Fiestas con motivo de la “Fiesta de la Vendimia”. En su día tuve que leerla en la Glorieta ante una multitud de paisanos que no cabrían en cinco teatros a rebosar.
La Poesía premiada no me desagrada: creo que es redonda en fondo y forma. Y. lo que son las cosas: me enteré del Concurso el lunes; el martes hice mi trabajo; el miércoles lo entregué con plica; el jueves se reunieron los Miembros del Jurado; el viernes me comunicaron que tenía el Primer Premio; el sábado la leí en público y recibí la Copa.
La Copa irá dando tumbos con el tiempo porque no es un papel que pueda perderse entre las hojas de un libro. “Esta Copa la ganó el papá en la Fiesta de la Vendimia del año 1977, ¿cuál de todos se la lleva?”. “¿La rifamos?”, dirá uno de ellos. Irá a parar a la casa de Lina, o de Miquel, o de Ángel-Inocencio, o de Pascual-Jesús, o de Francisco-Amó.
Pasarán años. “Esta Copa la ganó tu abuelo en un Concurso local de Poesía”, dirán a los nietos, que ya ni conocieron al abuelo. La Copa se irá arrinconando en el cuarto de cosas inútiles. Luego alguien dirá: “¿De dónde habrá salido “esto”, que parece un frutero”.
Y con la chatarra y trozos de vasos rotos, irá al pudridero común de la localidad a perderse para siempre en el reino del olvido, destino fatal de todas las cosas de este mundo. El papá.
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