Mi hermana Emilia.

31 julio 2023

   Santana, lunes, 10:16, en la jaula oyendo el concierto de chicharras, viendo la piscina enfrente, pletórica, con dos hamacas y la mesa de pingpong  en medio, cerca de la fuente.

   En este momento suben Lina y un Señor de “teleasistencia” que esperábamos. Marivi sigue en el comedor.

HISTORIA VITAL. Sigo con mi historia vital, escrita por los 70 del pasado siglo: “Entre los dos años de estancia en Rillo, fui a cumplir el servicio militar. Sólo estuve 3 meses, porque salí “excedente de cupo”. Unos meses en Lorca -Campamento de Carraclaca- nuevos recuerdos de personas maravillosas: Vicentica, Camilo, el tío Juan, la tía Vicenta… familia de mi padre. Luego, por Concurso de Traslados, fui destinado a Elche de la Sierra en la Provincia de Albacete. Hablar de Elche de la Sierra es hablar de mí tío Jesús, de inolvidable recuerdo; de Zoila, de Pepe, de Antonio, primos de mi madre; de Nicolás. Hablar de Elche de la Sierra es hablar de don José Rodríguez, de doña Presentación, de doña Brígida, y de tantos buenos compañeros. ¿Qué será de Andrés Jiménez? ¿Qué de Andrés González Chillerón, de Barrax? ¿Qué, de Purita Navarro Crespo, de Abarán?

Tras nuevas Oposiciones, ahora a Plazas de más de 10.000 habitantes, vine a Jumilla, a reunirme con los míos tras seis años de vivir fuera. Dos años estuve aquí precisamente en la escuela donde aprendí a leer, mi escuela querida de la infancia. Vaya mi agradable recuerdo a mi Maestro de entonces, don Ángel Copete Callejas. Allí encontré los mismos bancos, los mismos cuadros en la pared, todo cuanto dejara de niño. Algo más pequeño todo, pero tan lleno de inolvidables recuerdos que me emocioné y creo que lloré cuando entré como maestro por la misma puerta, por las mismas escaleras que tantas veces, años atrás, entrara de niño.

En este tiempo preparé otras oposiciones. Ahora a “Dirección de Colegios Nacionales”. Triunfé también en la prueba y tuve que salir de Jumilla, ahora como Director, a Cehegín, un pueblo de la Provincia. En Cehegín estuve también dos años, con los que cierro esta etapa de mi vida, la tercera década. En este pueblo murciano conocí a Santos Guillamón, a Octavio y otros buenos amigos y compañeros.

Preparaba yo entonces con ahínco la carrera, por libre, de Filosofía y Letras, y apenas dedicaba ratos a otros menesteres.

Los dos años que pasé en Cehegín, como director del Colegio “Pérez Villanueva” no han dejado apenas recuerdos hondos de afecto en mi persona. Puedo decir que resbalaron como gotas de lluvia en un cristal. Tal vez haya una explicación lógica en mi comportamiento. Hubo por entonces un hecho de tal importancia en mi vida, por inesperado, que todo lo demás se borra. Fue por entonces que murió mi hermana. Emilia rompió en la casa, con su muerte casi repentina -pancreatitis- la armonía, el orden casi perfecto que se había logrado en la familia. Su muerte nos conmovió a todos. Cada uno, hermanos y padres, sintió a su manera la sacudida por mucho tiempo. Sobre todo, mis padres, que ya no han podido recuperarse del tremendo golpe que supuso en la casa la muerte de Emilia.

Será tal vez por esto, que el recuerdo de Cehegín va unido a esta muerte desgraciada en mi vida, y sin pretenderlo trato de olvidarlo o, como si tuviera algo que ver, casi lo desprecio.

El papá.

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