Miedo cósmico.

04-08-2023

   Santa Ana, viernes, 10:40 en mi reloj; en la jaula. Hoy en este momento, no se oyen las chicharras, pero ni una, silencio orquestal, ¿será un descanso? La noticia de ayer, triste noticia, fue la muerte de nuestro amigo venezolano. Una vez vino a Santa Ana con nosotros y dimos un paseo por Santa Ana la Vieja. Y en Murcia venía a casa los viernes con misiones celestiales. La que lo echará más de menos será su señora, que le hacía de bastón en sus paseos cotidianos y desplazamientos. Menos, quizás, su hija Chiquinquirá, médico, casada y con un hijo.

   Sigo con el 14 de septiembre de 1977. Mi situación hoy es de privilegio. En lo económico, en lo social, en lo profesional, en todo. Podría resumir diciendo en lo personal.

   Con el tiempo he llegado a situarme tan cómodamente en la vida que dudo que haya otro momento, del pasado o del futuro, que lo iguale, y menos que lo supere.

   Es un momento cumbre. Si me paro a examinar mi situación, mi posición, advierto que en las personas lo que ofrece paz, seguridad y sosiego, es verse rodeado de personas queridas: padres, hijos y hermanos. Nuestro espíritu es miedoso. Marañón hablaba de un miedo cósmico. Y es cierto que el hombre lleva muy dentro de su alma ese miedo al vacío, al cosmos, y necesita para su tranquilidad sentirse agarrado, amparado, seguro.

   Y esa tranquilidad no la proporciona el vecino que pasa y no te mira; tampoco una masa de personas. El espíritu detecta cuando tiene compañía, enseguida. Se habla de soledad en compañía; se puede estar solo entre miles de personas. Y estar acompañado con un buen amigo. Un vecino vale más, para no sentirnos solos, que familiares alejados. La compañía es una necesidad para sentirnos bien, seguros, sin miedo. Pero una compañía espiritual, no solo de cuerpos. La soledad es triste y hasta peligrosa en ocasiones, porque el alma siente miedo y nada se lo aviva y agranda como sentirse solo.

   Las personas deben buscar la compañía. El amor a Dios proporciona inigualable compañía. Muchas personas se refugian en este amor para no estar solas. Las mujeres que viven solas suelen buscar la compañía de otras personas, y es que su espíritu pide ayuda a la soledad, necesita no estar sola. En mi caso, vuelvo al principio de que mi situación es de privilegio. Me encuentro como protegido, y guardado por todas partes: por debajo los padres me dan seguridad; por arriba cinco hijos me dan seguridad; a mi lado, mi esposa me da seguridad; y alrededor mío, mis hermanos me dan seguridad. No puedo sentir miedo en esta situación excepcional. Mi espíritu se muestra tranquilo, seguro, confiado, condición necesaria para ser feliz.

   La muerte de un padre es algo más que perder a una persona tan singular en nuestra existencia. Para uno, el padre o la madre, los padres, son una puerta abierta al vacío, un apoyo que se pierde a nuestros pies, a nuestro pasado. La muerte de los padres trae un vaho frío del más allá que detecta nuestro espíritu.

   Yo hoy tengo la suerte de sentirme muy bien acompañado. Dios me trata demasiado bien.

El papá.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Pedro Sáez Solbes.

Memoria del oído.