Nadar y guardar la ropa.

1 agosto 23

Santa Ana, martes, las 12:05 en la jaula, con chicharras y con sol. Hemos bajado al pueblo mamá, papá y Lina, como en los buenos tiempos. Desayunamos en el bar del Caracol, frente al bar Pipa de siempre, en la esquina de Cánovas y carretera de Murcia a Yecla. ¡Cuántos cambios! Donde había un kiosco de pipas como el de Teófilo en la puerta del teatro Vico, hay un bar de ladrillo, donde había una Cruz de los Caídos hay mesas para sentarse la gente. El Molino del Vicario, enfrente, sigue, pero no sé lo que será. Luego hemos ido a la caja Sabadell a cambiar la libreta y sacar dinero: todo cambiado. Desde la puerta a los cajeros y las ventanillas de dentro.

Sigamos con mi Diario del 77:

12-09-77: Siguiendo con el curso de mi vida, corresponde a mi cuarta década o etapa. Período este marcado con el signo de mi boda y de mis hijos. Diez años dedicados a la creación de una familia y de un hogar. Mi familia y mi hogar. Mi Mujer y mis cinco hijos.

El año 1964, por Concurso de Traslados entre Directores escolares, vengo destinado a Jumilla, al Grupo Escolar Ibáñez Martín. Tras años de vivir fuera -Rillo, Elche, Cehegín-, la vuelta a casa. Con 30 años a la espalda de vida, 30 primaveras, es hora de recoger velas. En esos momentos, parece que todo se dispone a pensar en el nuevo hogar. Dejo amistades y amoríos que me han servido lo suyo para conocer y comparar, para saber dónde está lo fundamental y dónde lo accesorio, dónde lo bueno y dónde lo vano y lo superfluo, que me han enseñado a valorar y a distinguir, a tomar y a dejar, a nadar y a guardar la ropa.

¿El destino? ¿Dios? ¿La vida? ¿Quién dirige mis pasos? ¿Quién invisible va marcando mi vida tan sabiamente? ¿Mi inteligencia? ¿Mi mente misteriosa pero real que yace solapada pero alerta a cuanto ocurre y se prepara? No lo sé ciertamente, pero es indudable que algo vigila en mi alma, Alguien otea el horizonte de mi vida y dispone los caminos de la mejor manera. Yo luego vivo y me asombro de que las cosas hayan ocurrido así, se hayan dispuesto tan sabiamente y casi adivino a ese personaje invisible y misterioso que va conmigo, delante de mí, preparando de antemano mi futuro. Sí, todo estaba disponiéndose para empezar otra etapa, para dejar atrás los años de escuela fuera de mi pueblo y de los míos. Ahora empezaba otro tipo de flirteo serio que había de abocar en mi matrimonio.

¿Cómo no había reparado antes en la que había de ser mi mujer? El destino, que sigue y dirige nuestros pasos, con sorna quizás, lo dispuso así. Fue ahora que vi a la mujer con otros ojos, con ojos de hombre que busca a la mujer para siempre, para madre de sus hijos. Y ella lo comprendió y bajó los suyos en señal de acatamiento. El papá.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Pedro Sáez Solbes.

Memoria del oído.