Teófilo.
8-08-23
Santana, martes, 10:30 en el comedor y solo en casa. Mis dos mujeres bajaron al pueblo: de compras y de peluquería. Silencio absoluto.
Ayer el carpintero trajo el palo nuevo que colocó por el roto, en la terraza. Luego vendrán a lijar y pintar los otros. Del nuevo cobró 70€ sin afeites ni pintura.
DE MI DIARIO, 20-09-1977
Cuando vine destinado al Colegio Nacional Ibáñez Martín, de Jumilla, como Director Titular del mismo, una de las cosas en que reparé primero fue en Teófilo. En el puesto de Teófilo. En el Kiosco de mi compañero Teófilo, en la misma puerta del colegio. Nos saludamos y recordamos otros tiempos en que íbamos a “San Francisco” a estudiar el Bachillerato.
Muchos años ya, pero recordamos a otros compañeros como Jesús Soriano -que murió de accidente-, a Diego Martínez, alias “Piquito”, a Antonio Gregorio, a su primo Jesús, Aurelio López…
Teófilo no era lo que se dice un estudiante ejemplar, un empollón. Era más bien perezoso y juerguista. Don Ausencio le decía que leyendo francés parecía un pato, y Teófilo se enfadaba y contestaba con exabruptos. El padre de Teófilo tenía una zapatería en la calle de la Feria: “Zapatería Hurtado”, una de las mejores zapatería de Jumilla.
Pero Teófilo se casó con Juana “la del puesto”. Y Teófilo heredó el puesto de Juana. Teófilo vino a aterrizar en el puesto de la puerta del colegio. Allí conoció a cientos de niños que iban al colegio por pipas, por chicles y chupachús a la salida de clase.
Teófilo, 20 años vendiendo pipas y periódicos. “¿Qué quieres, nene?” “Una bolsa de pipas”. Canción que se repetía 100 veces, 200 veces cada día.
Teófilo me saluda cuando paso, seguro que me recuerda como yo, que fuimos compañeros. Él vende sus pipas, sus chupachús y sus periódicos, y yo soy Director de un colegio. Doy gracias porque estemos cerca. Sé que algún día le pediré como amigo que somos, como compañero que fuimos, que me preste dinero. Los meses cuestan mucho terminarlos a los directores de Colegio. Sé que Teófilo, encerrado en su puesto, vendiendo pipas y periódicos, no sabe de tales apuros. Sí, tendré que recurrir a mi amigo Teófilo. Gracias de antemano, amigo Teófilo.
El papá.
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