Charlas a los novios.

1 de septiembre de 2023

   Santana, viernes, 10:45 en la jaula; mamá en la terraza con Sara, Lina en la cocina con el ordenador, Sandra limpia el comedor. Cada cual en su faena. Un día más en la historia de los tiempos, como siempre. ¿Qué hacemos aquí, Señor, ¿en esta bola alejada de otros mundos? Dímelo, te lo suplico, no se lo diré a nadie.

   Copio lo que escribí en un diario, el día 16 de octubre del año 1977:

   Hoy es tercer domingo de mes. Desde hace ya bastante tiempo, cada tercer domingo de mes doy una charla a los novios que van a casarse: cinco parejas, ocho parejas, quince parejas… Son “cursillos prematrimoniales” que organiza la parroquia. Somos varios los que impartimos estos cursillos. A mí me toca el tercer domingo de mes.

   Mi charla trata de “Familia y Sociedad”. Les hablo de la importancia del matrimonio en la sociedad. Y es que, de la noche a la mañana, los que se casan se convierten en sus hogares de meros peones en cabezas de familia que tienen que resolver los problemas que la vida ofrece.

   El noviazgo en esta fase próxima a contraer matrimonio debe de dedicar su tiempo a preparar este cambio tan radical del que muchas veces depende el resto de la vida. Hablar mucho de esos primeros pasos de la nueva vida, de los asuntos que deberán tratar en la nueva singladura, en la que todo es nuevo. Aunque antes hayan vivido idénticas situaciones, son diferentes porque ahora las vemos desde una perspectiva nueva, inédita, de casados. Y lo más simple, lo más conocido se convierte en nuevo.

   Con especial interés les digo que deben tener relaciones con los vecinos y conocidos, con los suegros y familiares, con los amigos, etc.

   ¿Cómo no? De cómo administrar la economía. La administración es la base de la seguridad familiar. La familia como empresa.

   En fin, es hora de prepararse en muchos aspectos antes de entrar en el matrimonio. Ello ayudará más tarde a resolver felizmente situaciones difíciles.

   Los que se casan deben pensar pronto que la vida sigue a su alrededor, que tienen vecinos y que todos forman parte de una sociedad. En la medida que se den a los demás, los demás se volcarán en atenciones con ellos. Sólo les hace falta la actitud de darse, de ofrecer lo que en ellos esté. No hay que ser egoístas y creer que el mundo se encierra en las cuatro paredes de nuestra casa.

   Con visión amplia deben mirar su vida, su sociedad, que viven con otros, que la vida sigue, que formamos parte de un organismo social y que deben mirar por ese cuerpo del que forman parte.

   Si no saben cómo, ahí están los hijos como eslabones de una cadena. Nada podrá ofrecer a la sociedad de más valor que unos hijos bien educados.

   Los que tratamos con niños en los colegios, vemos que muchos, cuando ingresan a los 6 años, sin otra relación anterior que la de los padres, llevan una serie de taras o defectos que han adquirido en la propia casa. Los niños son como espejos que muestran su casa en sus modales, sus gestos, su aseo, su puntualidad, etc.

   El papá.

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