La voz del pueblo.
12 de septiembre 23
Murcia, martes, 11:10, en el rincón de la casa, mamá en la capilla o salón oyendo misa, Lina se fue a despedir a la Fuensanta. Como sabes, en Murcia se baja a la Virgen en marzo y se sube en septiembre; se trae por Semana Santa y se lleva por la feria; abre la Semana Santa y cierra la feria; no quieren los murcianos que su Virgen se quede sin sus mejores fiestas. Hasta moros residentes en Murcia, la acompañan al monte, donde tiene su casa el resto del año, y le dicen ¡guapa!, guapa!, con permiso de Alá.
VUELVO A MI DIARIO DEL SIGLO PASADO
27 octubre 1977: Hoy he ido a Murcia. Motivo: José María y su operación. Falsa alarma de nuevo. Sigue entero y con el miedo metido en el cuerpo.
Ya lo dije: las esperas son fatales o, mejor, la espera es todo. Si esperamos algo bueno, se goza esperando. Diría que el gozo es esa espera. Sí esperamos algo que tememos, la espera es terrible. Consecuencias: busquemos metas alegres y seremos felices esperando poseerlas.
En otro plano: la muerte nos hace la vida triste; pesa sobre nosotros como una losa, y aunque no nos demos cuenta, nos oprime y acongoja. La muerte es la pesadilla de los mortales. Si no la tememos, seremos los hombres más felices del mundo. Solo los Santos son felices, porque más que temerla desean llegar al término de su vida. “Muero porque no muero”, decía Santa Teresa.
JOSÉ MARÍA:
José María espera su operación ya 15 días. Son muchos días de espera. Los médicos deberían de tener esto en cuenta. El enfermo es una persona que sufre y que teme- Pues vamos a hacer que la espera sea lo más rápida posible. Quince días son muchos días.
He visto que está asustado, no es para menos. Se puede torturar a las personas de muchas formas; esta es una de ellas, y las torturas no caben en los sanatorios, donde se lucha contra las enfermedades.
El médico de cabecera va desapareciendo. Con él desaparece toda una institución y una época: la medicina humanizada. Quizás menos científica, menos técnica, pero más personal, más entrañable: el médico escuchaba, departía amigablemente con el enfermo, le hacía sentirse persona, le hacía confiar en su curación: eran curas psicológicas.
Ahora se mira al enfermo como un objeto impersonal, se estudia objetivamente el mal que padece y se trata sin fijarse en la persona que lo padece, que lo sufre, que lo teme. No se mira a la persona que lo lleva encima.
Se desprecia a la persona con todos sus sentimientos: que sufre, quiere, desea, ama, reza, llora, espera, suplica y siente su mal como lo más importante de este mundo.
Creo que el verdadero médico, aparte su ciencia actual con aparatos, debe ser humano con el enfemo. Gran parte de su éxito frente a la enfermedad estará en su relación con el enfermo. Si le inspira confianza, optimismo, habrá conseguido un buen tanto por ciento de su curación. El médico debe ser el padre y el amigo del enfermo, que le infunda confianza.
LA VOZ DEL PUEBLO
Por las calles circula un número nuevo del periódico local que se titula “La voz del pueblo”. Es, creo, el cuarto y corresponde al mes de octubre.
En él se ha publicado mi poesía “La máquina y la vid”, premiada en la fiesta de la vendimia hace dos meses. Este periódico es liberal cien por cien. En sus hojas hay censuras para todos los gustos. Y es que todos pueden escribir en él: es del pueblo y para el pueblo y todos pueden colaborar.
Lo malo es que, hasta ahora, no hay más que chismes y censuras. En los escritos hemos de cuidar la ofensa intencionada y, sobre todo, la ofensa personal. El periódico puede ser interesante si las críticas son constructivas.
Que se digan los males de nuestro pueblo, pero dando, al mismo tiempo, soluciones a las mismas. Esperemos cosas buenas de este Infante que da sus primeros pasos, todavía inseguros. El papá.
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