Un sueldo para vivir y sobra.

22 septbre 2023

   Murcia, viernes, las diez, en la galería, día espléndido. Fútbol y Política en las Noticias que me llegan del comedor. España juega con Grecia y Pedro Sánchez se resiste a dejar la Presidencia del Gobierno, a pesar de tener menos votos que Feijoo.

   - ¿Cómo?

   -Dando lo que le pidan a otros Partidos pequeños. Y el que se mueva, no sale en la foto: Se expulsa del Partido, como le ha ocurrido a Nicolás Redondo.

   Alfonso Guerra y Felipe González se miran como diciendo: “¿Qué hacemos, compañero?”.

  Sigo con mi Diario: 9 – noviembre – 1977

   Las diez de la noche. Los cinco pequeños duermen. La casa queda en silencio. Un silencio extraño, este silencio sabe a cosa rara, no sabríamos estar sin sus gritos, que forman parte de la casa, como los muebles.

   Ayer Miguel y Ángel Inocencio pasaron el día en el campo de los Parrales. Fueron con su abuela Isabel y con la tía Fulgencia. Los Parrales es una de las mejores fincas de Jumilla. Hace unos años no era nada. El agua y el trabajo inteligente de unos hombres, han hecho el milagro.

   Miguel y Ángel lo pasaron bien. Vieron un pavo real, perros, y otros animales. El campo es naturaleza abierta, libertad: los niños no comprenden los motivos, pero el campo les encanta.

   Y es que el campo, como ellos lo ven, como ellos lo viven, es el estado puro de la vida, sin limitaciones ni reglas que coarten su libertad. El “no corras”, “no toques”, “no saltes”, “no, no, no”, que tanto los limita y los tortura en la ciudad, en nuestros pisos, se transforma en el campo en un puro y libre hacer.

   ¿No nos pasa a los mayores algo parecido? ¿No nos encanta salir de la ciudad? Creo que también el campo es para nosotros la evasión, la fuga de las órdenes y de los ruidos, del trabajo cotidiano, de la misma norma, que mortifica.

   Hoy ha sido un día lleno de cosas sin importancia, pero lleno de acontecimientos. La vida es siempre eso: desfile de sucesos. Unos dejan huella, otros no; unos son trascendentes, otros menos; pero todos forman la historia de nuestra vida.

  Esta tarde, Víctor Esteban y yo hemos subido al chalet. Siguen con los antepechos de las terrazas, con los pisos. Nuestro estudio sigue por dentro sin adelanto, sin movimiento. Queremos que tenga luego tabiques y lejas para libros. Las obras se hacen interminables.

   Luego hemos invitado a merendar a los albañiles en el bar o Parador de Maravillas: siete albañiles y nosotros dos.  Morcillas, salchichas, chorizos, sardinas, pan y cerveza; un rato agradable. Ochocientas pesetas.

   Buenas personas los albañiles. Creo que en el fondo el hombre es bueno y noble. En España además sencillos. El hombre en España es sencillo. Por encima de todo quiere paz y tranquilidad. ¿Cómo es que luego grita o va a la huelga, según leemos en la prensa y vemos en la televisión?

   ¿No será que es manejado por cuatro personas desalmadas? Puede que sí. El obrero español es tranquilo, no quiere la guerra, huye de la guerra. Son los cuatro agitadores, que no se ven, los que alborotan y consiguen alterar el orden. Los que ponen la mecha de los disturbios callejeros.

   El hombre español, el obrero español, uno por uno, es noble, es sencillo, quiere tranquilidad. Solo pide trabajo para comer y tomar una cerveza con amigos. La gran masa de españoles no quiere, no entiende ni sabe de política.

   ¿Hemos comprendido bien esto en España? Los españoles sin política vivirían felices: un campo, un taller, una iglesia y una escuela. España no quiere más: un sueldo para vivir y sobra.

El papá.

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