Anti-supersticioso.
19 de Octubre de 2023
Murcia, jueves, las ocho y diez. El día se va encogiendo: casi no veo con la luz que me entra por la ventana, con la persiana subida hasta arriba. Veo la torre de la iglesia de San Antolín y un cielo plúmbeo. Estoy en el rincón de la casa y del edificio. Y sobre todo: SIN NOVEDAD EN EL ALCÁZAR.
El 13 de diciembre de 1977, cuando contaba 46 años, escribí en mi Diario:
Soy anti-supersticioso
TRECE Y MARTES. Mal día para los supersticiosos. Yo, en cambio, soy anti-supersticioso. Por eso, espero que hoy sea mi día de suerte, que todo me salga bien, que habrá cierta disposición a que todo salga por buen camino.
Si pensamos que algo malo va a suceder, ya estamos ordenando con el pensamiento y con el sentimiento los hechos para que operen en cierto sentido; sin darnos cuenta, nos disponemos para que ese mal que presagiamos ocurra. Si pensamos lo contrario, ya nos disponemos para que los hechos se organicen de otra forma.
Entonces, ¿ordenamos nosotros nuestra vida y nuestros actos?
Pues, en cierto modo, si. Sin reparar en ello, nuestra mente y nuestro espíritu, nuestro ser, se adelanta en el tiempo, prevé y dirige sus actuaciones. Luego, todo ocurre según está dispuesto que ocurra, y nos sorprendemos de que los hechos discurren de tal manera.
La superstición es para mí una forma de anticipación personal al futuro, temiendo que algo ocurra desagradable. La anti-superstición es lo contrario, aunque venga a ser otra superstición pero positiva.
La superstición tuvo que darse más hace siglos y milenios, cuando el hombre estaba menos desarrollado y comprendía menos la vida y su mundo mental. Con los años el hombre aclarará problemas de antaño y sentirá rubor de haber pasado por ciertas etapas de misterio e inmadurez.
Es como un niño la humanidad, sin duda. Yo diría que vive hoy por los 25 años del hombre -Ontogenia y Filogenia-, cuando quedan todavía nieblas y sombras de la infancia, y cuando ya se vislumbra una madurez adulta capaz de razonar.
Cuando yo era niño, el “Día de los Difuntos” era para mí una pesadilla. Después, mi razón me hizo ver con lógica adulta que no dejaba de ser un día como los otros. Con la superstición ocurrirá lo mismo: con lógica adulta se disiparán tabúes y misterios que antes desconcertaban y hasta asustaba.
Francisco Amós está conmigo. Tiene el libro abierto. Estudia los pueblos de algunas provincias. Yo no estudié los pueblos en la escuela. Será por eso que nunca he sabido si Monforte de Lemos es de Lugo o de Pontevedra. La misión esencial de la escuela es enseñar al niño todo.
Los otros duermen, menos mamá, que ha ido a la plaza a hacer la compra. Son las 8:00 h de la mañana y casi es de noche. Días cortos, pero densos, si nosotros los llenamos. Todos los días pueden ser maravillosamente largos y productivos, hasta en diciembre, si los llenamos.
¿Habrá algo más grande que llenar un día? Todo un día para mí, nuevo, sin estrenar. Me siento creador, artista, ordenador. Hay que ordenar, hay que crear, hay que programar un día. Un día es mucho tiempo para dejarlo morir sin ocuparnos de él.
Hemos de programar. Si programamos bien, viviremos bien y tendremos tiempo para mucho. Hay que ordenar ante un día nuevo. Esta ordenación previa puede acabar con posibles supersticiones.
Francisco Tomás Ortuño.
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