Árbitro improvisado.

 4 octubre 2023 : San Francisco

   Murcia, miércoles, las nueve, el Santo de muchos en la familia. FELICIDADES A TODOS. Yo os cuento lo que dije en mi Diario el ocho de noviembre del año 1977:

     8 noviembre 1977 : ÁRBITRO IMPOVISADO

   Siete de la mañana, como es habitual. Silencio a mi alrededor.  Hora estupenda para escribir, para pensar, para hacer. Un día nuevo por delante, un día sin estrenar.

   Ayer escuchaba, sin pretenderlo, una conversación chocante, no por lo que hablaban, sino por la forma de hacerlo. Era una conversación que entre nosotros, los españoles, puede ser paradigmática. Muchos hablamos así, y a quien la escucha causa risa o quizás tristeza.

   Cada cual habla de sus cosas sin escuchar al que tiene enfrente de interlocutor. Más que diálogo es monólogo; dos monólogos rebotando en las palabras del contrario o en sus propias narices. En España no   sabemos escuchar, no sabemos hablar con otro.

   Con más de dos ya es el colmo: una jaula de grillos es poco, un gallinero alborotado por la zorra. Ayer, sin pretenderlo, escuchaba sin ser visto una conversación de dos personas. Hablaban cerca de donde yo estaba. Yo escuchaba perfectamente sus palabras.  Bueno, perfectamente es mucho decir.

   Uno hablaba de sus hijos, de que son distintos, que si uno madruga, que si otro no estudia, que si aquel le pega a este, que si por aquí, que si por allá. La señora, por su parte, hablaba de un viaje que hizo a Madrid: del Museo del Prado, del Retiro, de los teatros…

   No había relación ninguna entre lo que cada uno decía. Y es el caso que estaban solos. Se hablaban  atropelladamente. Cada uno iba a lo suyo sin escuchar al otro, palabras y palabras disparadas al rostro del contrario, cada cual a lo suyo.

   Una juerga, vamos, para quien, como yo, árbitro improvisado, juez de la contienda, seguía paso a paso los incidentes del encuentro. Los dos se desocuparon a su gusto, los dos se abocaron sus cuitas, los dos quedaron satisfechos, pero ninguno supo de qué hablaba su interlocutor.

   La despedida fue como sigue: “En fin, los hijos tienen estas cosas”, por una parte. La señora respondió: “Creo que volveremos otra vez el próximo verano”. No podía ser de otro modo. Y quedaron tan amigos para volver a verse pronto y recordarse con agrado.

   “¡Qué conversación tan amena tiene fulano!”. “¡Qué inteligente es esta señora!”. Esto revela dos cosas: primero, que somos egoístas, no vamos sino a lo nuestro, lo demás no nos importa; segundo, que no sabemos escuchar y nuestra charla resulta un desastre.

   VENTAS DISFRAZADAS  

   Ayer fuimos al Cine Moderno con los nenes. Estuvimos Pascual Jesús, Ángel Inocencio, Miguel, Lina y un amigo de Pascual Jesús. El cine estaba lleno de niños y de padres. Era una venta disfrazada. una venta refinada si se quiere.

   Antes, los libreros exponían su mercancía en su escaparate. Luego buscó al cliente y fue a su casa, o lo asaltó en la calle. Después buscó a los padres, como presuntos compradores, en los colegios, con obsequio incluido al maestro a cambio, -¿soborno?-.

   En fin, toda una picaresca en el campo de las ventas. Lo de ayer fue más: el cine, niños con sus padres, un ambiente preparado, y a la temperatura psicológica ideal, palabras adecuadas: “El niño es lo primero”. “La educación del niño es necesaria”. “Sus conocimientos harán que se distinga”. “Los padres no estamos preparados”.

   Y en su momento justo, luces y compren libros. Señoritas elegantes recorrían la sala ofreciendo libros. La gente pica. Ventas en firme. El cine se convierte en un gran comercio, con vendedoras como pirotécnicos de acá para allá.

   Los clientes, deslumbrados, son atendidos en sus propias butacas. Al final, para seguir con la comedia o celebrar el acto, se proyecta una película del Gordo y el Flaco para los pequeños, y a la calle que la función ha terminado. Qué sistema tan refinado de ventas. Cómo se las ingenian los vendedores. El papá.

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