De todo a todos.

 16 Octubre 2023

   Murcia, lunes, las ocho y media, en el rincón. Cielo nublado. Te cuento de mi Diario:

   PASCUAL JESÚS AMA EL FÚTBOL

  4  diciembre 1977

  Domingo, temprano, silencio. Ayer comimos en el chalet. Una gran fiesta. Fuimos con los padres. Hicimos lumbre en la puerta de la cocina, entre piedras, que luego no estarán. Pusimos unas sillas plegables y unas sillas de las otras con la mesa. Un día delicioso.

   Mañana empezará la máquina a quitar tierra de la puerta de la entrada al chalet, para hacer cocheras, aljibes y terrazas. ¿Se goza más con los proyectos que con los mismos realizados? Con el chalet gozamos ya. ¿Será porque mañana, cada día, es incierto?

   Deseamos que Manuel siga la obra y Manuel amenaza con el paro. Por eso, nos hace ilusión ver que los albañiles siguen otro día más, y otro, y otro. Ya se ha empezado el mes. Los pisos están a medio. ¿Vendrán mañana? Y así ya tiempo.

   ¿Financiación? Parece que la incógnita se despeja favorablemente: el padre otra vez nos sacará de apuros. Digo otra vez, porque sería la quinta: nos ayudó cuando compramos este piso de Cànovas, 90;   cuando compramos el coche; el piso de Alicante; los manzanos. Siempre nos ha ayudado. No podríamos pagar lo que ha hecho por nosotros.

   Sale Pascual Jesús, detrás Ángel Inocencio. Pascual Jesús coge un papel y escribe nombres, ¿serán los jugadores de su equipo? El fútbol lo saca de sus casillas. Siente el fútbol, lo quiere, lo goza. Pienso mucho en mis hijos y en la enseñanza en España.

   Se preparan nuevos planes de estudio. Muchos planes son en pocos años, demasiados. Hay desconcierto con todo. Yo me atrevería a probar otro Plan. Mis hijos me hacen pensar. Veo que no se acierta con el método de enseñanza ideal.

   En España, se copia del extranjero, se prueban forman nuevas, sistemas novedosos, se prueban, se prueba, y todo queda en nada al poco tiempo. Desconcierto. Esa es la palabra exacta: desconcierto. Por la profesión, vivo de cerca el desconcierto de programadores, responsables de la educación en el País.

   Mi condición de padre me hace preocuparme seriamente con el desconcierto del Gobierno. No se atina, no se da en la diana: conejillos de indias son los niños, que pagan esas pruebas de los talentudos de turno. Como padre, me preocupa la situación; como profesional, también.

   Creo que el niño necesita de Colegios grandes, casi ciudades ad hoc, donde se programen actividades de todo tipo. El niño debe conocerlo todo. No debemos descuidar nada en su formación integral: música, lengua moderna, dibujo, prácticas de taller, electricidad, carpintería, mecánica…

   Una gama de trabajos sabiamente seleccionados, y de ciencias teóricas que abarcaran prácticamente todo el mundo del trabajo del adulto. Ese niño, con igualdad de oportunidades, con igualdad de trato, llegaría a desarrollar sus aptitudes en inmejorables condiciones con maestros en cada rama del saber.

   Él mismo se inclinará pronto por el campo de sus aptitudes y de su vocación. En estos colegios grandes, casi ciudades preparadas al efecto, cada niño conocería todo lo que se pretende que conozca como niño, con jardines para jugar y gimnasios para fortalecerse.

   Enseñanza completa, enseñanza total. En la enseñanza media, propia de los institutos, se agruparían materias afines con fines prácticos. Los alumnos dejarían ese amplio campo de actividades y saberes de la enseñanza básica para profundizar en algo más concreto: ciencias, letras, talleres, agricultura…

   Los que pasaran a la enseñanza superior, ya definidos sus gustos, sus deseos, sus preferencias, los que llegaran a la Universidad, tendrían un objetivo perfectamente definido: hablar y escribir a la perfección una lengua moderna, ser profesional del dibujo, conocer en profundidad las matemáticas, etc.

   Creo que la enseñanza no tiene otro horizonte ni otro terreno posible. Amplísima en la base, para ir  reduciéndose conforme se avanza en edad. Primero, de todo, pero elemental, con poca profundidad; para acabar con poco pero con total intensidad.

   Lo que no debemos es dejar en la base al niño huérfano de parcelas en el conjunto de los saberes, que hagan quedar estériles terrenos que pueden ser enormemente productivos. “De todo para todos” sería la consigna en la enseñanza básica. Como en las carreras pedestres o ciclistas que salen muchos y llegan pocos al final.

   Que salgan todos, que haya enseñanza de todo para todos. Hago hincapié en “de todo”. El niño debe tener la oportunidad de conocerlo todo. Él mismo se encargará de apartar lo que no sea para él.

   Tal vez esté la felicidad y el triunfo de una ciencia o de una actividad en lo que no se da oportunidad de conocer y desarrollar. Un gran músico en potencia, un genio perdido, abortado, anulado, por no darle oportunidad de desarrollar sus facultades.

   A este genio en potencia para la música, le estamos dando quizás mecánica por los codos, a presión, contra su gusto y aptitudes, martirizando al sujeto y perdiendo un valor al mismo tiempo. Hay que dar a conocer de todo a todos, así de sencillo.

   La base, completa de saberes, amplísima, y menos pruebas, menos exámenes, menos fichas, menos expedientes. Cada uno, a quien nada importa más que su persona, irá seleccionando lo que es suyo, sin que nadie se lo diga, su naturaleza le marcará los pasos.

   Al final de cada etapa debe haber cribas finas para seleccionar a los mejores. No hay duda de que la prueba debe existir para clasificar puestos existentes, y selección para ocuparlos. La enseñanza debe ser como un cono, base completa y cúspide reducida a un punto.

                                                                                                                                       

Francisco Tomás Ortuño

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