Don Federico Arce.

20 octubre 2023

   Murcia, viernes, 8:52 en mi “marca”, el Otoño da la cara con vientos y bajadas de temperaturas. “¡Ya está bien, playeros y terraceros, que no tenéis hartura!”, dice el Verano despidiéndose. Y todos le dan la razón y exclaman: “¡Bien está lo que bien acaba!, ¡A esperar la Navidad!”. Yo te cuento lo que escribía el

   14 diciembre 1977

    Don Federico Arce  

   Ayer pasó bien el día siendo martes y trece. Mi anti superstición tuvo, otra vez, razón. No creo en las supersticiones.

   En viaje improvisado, fui con Federico Arce a Murcia en su coche. Federico es abogado, profesor y padre de muchos hijos. Tiene ese don particular de las personas que saben ser interesantes. No pasa desapercibido. Es diplomático, pues.

   Don Federico puede estar en puestos de mando, de responsabilidad: sabe comprender y ordenar. Es enemigo peligroso. En un Centro, el Director debe aliarse con él por el medio que sea. En mi caso, donde hay tanta mediocridad intelectual, ir con Federico es necesario.

   Para mí, ser diplomático es ir con Federico. Si él leyera esto, diría para sus adentros: “Ya lo sabía”.

   15 DICIEMBRE 1977 : UNA GUERRA SILENCIOSA

   Estamos en los días más cortos del año; son las 8:00 h de la mañana y es casi de noche. Nadie se mueve en la casa. Fuera, a juzgar por los ruidos, tampoco. La gente descansa. ¿Cómo es posible que esta misma gente se alborote luego en algaradas callejeras?

   Ayer, en Murcia, vimos en la plaza de Santo Domingo una manifestación. Estudiantes reunidos, en número de un centenar, policía cerca con escudos protectores en los brazos, cascos, y coches en fila. Una guerra silenciosa. Una guerra a punto de estallar.

   ¿Qué pasa?, dijimos a un joven. “Solidaridad con el estudiante muerto ayer en Tenerife”, nos dijo.. Y es que, en Tenerife, las fuerzas del orden público dispararon en otra manifestación de estudiantes y murió uno de ellos. ¡Qué mal debe pasarlo las fuerzas del orden público!

   Jóvenes también, con familia, disparando y matando, en una guerra absurda, con paisanos propios. Creo que estos policías saldrán de casa rezando por que no haya disturbios, por que haya paz, orden, tranquilidad.

   Que dirían a gritos: “Insensatos, que no queremos intervenir, que queremos más que nadie que no haya enfrentamientos, que sentimos llegar a las manos y más a las armas, que somos personas como vosotros, que es absurdo que tengamos que llegar a disparar, que no queremos.

   Creo que los policías dejarán sus casas pidiendo a Dios que no ocurra nada y puedan volver con la mujer y los hijos por la noche. Vida azarosa y cruel la de estos hombres hoy, jóvenes que no quieren pegar ni que les hagan daño, que solo buscan el bien de sus ciudadanos,

   Me los imaginaba ayer, tras esos cascos protectores que cubrían todo su rostro, tras esos escudos que tapaban su cuerpo, me los imaginaba suplicando que nadie gritara, que nadie se alterara, que el grupo de estudiantes se esfumara pacíficamente.

   Me los imaginaba así, contentos de vuelta a casa con el deber cumplido sin haber usado de gases lacrimógenos ni cachiporras, besando a sus hijos y a su mujer, como héroes. Pero pensaba que mañana saldrían otra vez de casa con la zozobra de quien tiene el peligro en la misma puerta, en la esquina o en la plaza próxima.

   Malos momentos para estos hombres que viven en tensión con el miedo de no volver con los suyos en cada despedida.

                                                                                                                                           

Francisco Tomás Ortuño.

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