El Bar de Maravillas.

El Bar de Maravillas  

   Murcia, domingo, siete de la mañana, it is seven o´clock, il est sept heures. Ayer comimos en el merendero de Maravillas María Pilar, Pepe, Esteban, María Dolores, Manuel, Pascuala y yo; también los hijos de los arquitectos: dos niños de 8 y 4 años, hijo e hija.

   Unos gazpachos bien presentados, con vino de la tierra. Una fiesta de comida. Vimos las obras del chalet. Sobresaliente cum laude, para Manuel.

   En el merendero tomaron café unos 50 Profesores de Jumilla. También les salió redonda su comida -me dijeron. Había muchos coches en la puerta. ¿Quién no tiene coche propio en nuestros días? El nivel de vida se mide en parte por los coches. En general es alto el nivel de vida: coche, televisión, lavadora, dinero para gastar. En cambio, el paro cunde en la clase obrera.

   Anoche me llamó Victoria Esteban por teléfono. Era muy tarde. Casi las doce. Me preguntó si había visto unas hojas que estaban en la calle. Hablaban de Manuel y de su crisis de trabajo. Los obreros no se resignan a ir al paro.

   Le hacen la cuenta del importe global de las obras que ha realizado en los últimos años. Cien millones de pesetas. Hasta lo que en ella debe haber ganado: veinte millones de pesetas. De vacas gordas y de evasión de capital. Manuel debe estar preocupado.

   Pueden aprobarle oficialmente su crisis, pero los obreros no se quedan conformes, y esto es inquietante. Mala cosa es que muchos hombres se sientan descontentos y por lo mismo: hombres casados, con familia y con hijos; hombres que se creen engañados.

   Es delicada la situación de Manuel. Puede tener razón; los obreros ven la suya. Los obreros ven que quedan en la calle con familia, con hijos, de cara a un invierno largo. Muy difícil es la papeleta cuando la masa se rebela, todo puede temerse.

   Uno por uno son personas; juntos son peor que fieras acosadas. Las masas se unen para hechos extraordinarios: las emociones se contagian, se juntan y estallan con efectos imprevisibles. Dios nos libre de una masa excitada contra nosotros.

   Debe ser como esa inundación que destroza lo que encuentra. Luego sale el sol de nuevo, todo vuelve a sus normales cauces y cada uno vuelve a ser lo que era. Pero la muerte quedó atrás, el mal se consumó. la fiera sació su sed con sangre,  y eso ya no tiene remedio.

                                                                                                                                          Francisco Tomás Ortuño.                                                                 

  

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