Fiesta nacional.
12 Octubre 2023 : Fiesta Nacional
Murcia, jueves, las ocho. Comienzo de un puente superlargo para unos y de conformarse con no currar hoy para los más. El “PRESI, en funciones, ultima sus visitas a los Partidos, para seguir en la Moncloa otros cuatro años.
-Tú pide, Rufián, que tu boca es medida.
-¿Puedo?
-Tú pide, Rufián, es tu ocasión, nunca lo vas a tener tan fácil.
-¿Puig Demont, presos, independencia…
-Si sabes que puedes… tú pide, Rufián.
28 de noviembre 1977
Enseñar a leer:
-Miguel ya lee. ¿Qué ha sido necesario para que lea Miguel?
-Pues, en primer lugar, que haya alcanzado su edad para leer. Sin ese requisito, Miguel no habría podido leer. Ha sido preciso que su naturaleza haya estado madura para leer, como las frutas en el árbol. Y luego que alguien le haya enseñado la mecánica lectora.
Que alguien le haya mostrado los signos que representan los sonidos. Es decir, las letras, las sílabas, las palabras, las frases. El niño tiene que haber pasado por todos los signos que representan los fonemas vocales y consonantes: silla, mesa, casa. Y ¡zas!, de pronto empieza a leer.
Ha sido preciso que Miguel haya fijado su atención en esos signos escritos para soltarse a leer. ¿Un método mejor que otro? Me parece secundario lo del método. Miguel ha precisado de estos dos factores para leer: edad y alguien que le enseñe, así de sencillo.
Toda enseñanza requiere edad de aprendizaje y enseñante. ¿Objetivo? Saber leer. Ritmos y método se pierden en naderías, que no conducen a ningún puerto. Miguel lee sencillamente porque ha alcanzado su edad y porque alguien le ha mostrado esos signos escritos.
¿Maestro con título? Sí, pero ¿qué clase de título?: paciencia y amor. Saber qué pretendemos enseñar, y amor: dos ingredientes necesarios y suficientes. ¿Es mucho decir que suficientes? Hay un factor en toda enseñanza, que escapa a muchos enseñantes: el factor discente.
El que aprende cambia. Con la misma enseñanza, uno aprende y otro no. Es cuestión de naturaleza, que no está en nosotros cambiar. Hoy se estudian demasiado los métodos, se pierde el tiempo en disquisiciones que no conducen a nada, que desvían la atención del objetivo que se busca.
Tests, pruebas, medidas, estadísticas, encuestas… Convertimos los Colegios en laboratorios, en lugar de talleres de aprendizaje; lo simple lo enredamos, lo sencillo lo complicamos, lo fácil lo hacemos difícil, y todo por ese afán de protagonismo que llevamos con nosotros.
Por no querer ver con ojos de niño, con sencillez, por perder de vista los objetivos que se busca con este niño: que sepa leer. ¿Tiene edad para aprender? Sí. Pues, juegos, paciencia y amor con la enseñanza. Repeticiones, que comprenda que allí dice algo. Ejercicios, ejercicios.
Cuentos que le gustaría leer; despertar su interés por aprender. “Mamá”, repite. “Mamá”. Ahora yo. “Di conmigo”. “Yo primero”: pelota. “Ahora te toca a ti”. “Vamos a leer los dos juntos”. “Mejor yo primero y tú después”, como si fueras el eco. “Mi pelota”. “Mi pelota”.
“Mi pelota bota”. “Mi pelota bota”. “Aquí dice que mi pelota bota”. Ríen los dos. “Vamos a dejarlo”. “Mañana más, ¿quieres?”. Y un buen día, Miguel lee el solito. Ha sido necesario que alguien le haya enseñado a leer; ha sido preciso que tuviera edad para leer.
¿Títulos? No es preciso saber álgebra para enseñar a leer. Lo mismo diría para escribir. La madre, el padre, la hermana… Voy a enseñar a escribir. ¿Objetivo?: “Que el niño escriba”. que conozca los signos que representan las letras, que su mano los dibuje.
Si no tiene edad, no podrá aprender. Si tiene edad y nadie le enseña, no aprenderá. Hace falta que alguien le diga: “Escribe lo que piensas”. Y cuando el niño se interese por aprender, cuando se interese por aprender a hablar escribiendo, como en un juego, ya no habrá forma de parar.
Hace falta una persona que le enseñe a escribir. Un enseñante de escritura, con cualidades suficientes para conocer su cometido, su único cometido: enseñar a escribir. Repetir con paciencia las veces que sean necesarias, hasta que el niño lo aprenda, lo comprenda, lo sienta, lo busque, lo quiera.
Y con la geografía lo mismo; y con la historia. Especialistas en la enseñanza de la historia, sin hacerla difícil, sin complicarla. Y la música, y el dibujo, y las demás ciencias. ¡Ay!, Dios, veo que harían falta demasiados especialistas. ¿Es posible que un maestro sepa de todo?
Gran dilema. Pero maestro antes que nada, maestro paciente para enseñar, para estar con los niños sin complicar su enseñanza, sino, más bien, haciéndola fácil, amena y atractiva jugando; ¿y quién mejor que una madre, un padre, un hermano mayor…
Podríamos hablar, en realidad ya lo han hecho otros, de las cualidades del maestro Yo me quedaría con que ha de tener inteligencia, amor por la enseñanza y conocimiento claro de los objetivos que quiere alcanzar. Si sabe lo que quiere, conoce lo que desea enseñar, y ama la enseñanza, tenemos un maestro excelente.
Sí carece de una de estas cualidades, poco puede esperarse de él como maestro. Si tiene ciencia y le falta visión de objetivos, fallará como maestro. Si le sobran deseos de enseñar y le falta ciencia, tampoco llegará lejos. En suma: ciencia y amor por la enseñanza.
Francisco Tomás Ortuño.
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