La quiniela.
2 septiembre 2023
Murcia, lunes, las nueve. Sin novedad en el Alcázar.
LA QUINIELA
La quiniela del domingo
Es hoy para el español
Más que un simple pasatiempo
Un… ¿cómo te diría yo?
La quiniela del domingo
Es hoy para el español
iba a decir que su vida,
Diré su sueño, mejor.
La quiniela del domingo
Con su carga de ilusión
Es el sueño de millones
Como tú y como yo.
La quiniela del domingo…
¿Cómo se pudo, Señor,
Vivir en España antes
De su feliz invención?
Si desaparece el fútbol
¿qué nos importa, Señor?
Lo que importa es la quiniela
Con el uno, equis, dos.
18 noviembre 1977
Querido amigo de Jumilla: voy a hablarte de algo entrañable para nosotros, del monte de Santa Ana, pulmón de nuestro pueblo. Los que hemos nacido aquí, los que somos jumillanos, sabemos que Santa Ana es un rincón de privilegio, un obsequio de la naturaleza. Con la Ermita y los frailes, casi un lugar Santo.
Entrar en el pinar es sentir en nuestro cuerpo y en nuestro espíritu las delicias franciscanas de la santidad. Santana es un lugar de devoción y un espacio saludable, con su enorme potencial de vida que expanden sus miles de pinos que cubren la hondonada que conocemos.
El ruido de motos y coches, casi hablar alto, en nuestro bello pinar sabe a profanación. Quizás exagero, pero a mí me inspira tal respeto el lugar, que siento deseos de escuchar el silencio y meditar. Solo de esto: escuchar el silencio y meditar.
Tú, jumillano, que conoces el Monasterio santanero, perdido en el bosque, seguro que sientes como yo. Somos parte de esta tierra y la amamos como algo nuestro. Empecé diciendo que iba a hablarte de Santa Ana. Casi lo he hecho. Mi intención, en cambio, era hablarte de un lugar próximo.
Tan próximo que linda con Santa Ana. Que está a las mismas puertas de Santa Ana. Al subir la cuesta, hay una zona despoblada de pinos a ambos lados, que es también hermosa en su profunda desnudez: abajo se ve el Prado; más al fondo, el pueblo; y arriba el Monasterio franciscano y el pinar.
Unos jumllanos, que viven con el esfuerzo de su trabajo, como tú, con la ilusión que ponemos los jumillanos en nuestras cosas, está permitiendo asentar allí sus reales. Quiero hablarte de esta antesala santanera porque, entre otras razones, tengo la enorme suerte de contarme entre los que están allí.
Voy a hablarte porque sé que tú, como nosotros hoy, puedes gozar y sentir como nosotros, emociones profundas. Te aseguro que es cosa de ilusionarse con la idea. Los que estamos construyendo una casa, no podemos más que tú. Nos lleva la ilusión de vivir allí sin reparar en su realización -léase financiación-.
Durante años habremos de estar pagando la obra; años que supondrán privaciones de otras cosas. La casa de Santa Ana es una ilusión, que supone privaciones, a los que no tenemos más que un gran deseo de ver crecer alegres y sanos a nuestros hijos.
Hasta la fecha somos 18 propietarios en la urbanización. Tenemos la escritura a nuestro nombre. Llevaremos la luz, el agua, asfaltaremos los caminos, haremos, en suma, una antesala digna, una urbanización hermosa de lo que era poco menos que un erial.
Sinceramente creo que Jumilla gana con esta iniciativa, que es lo que se hace en las afueras de otros pueblos: construir para disfrutar de la naturaleza, para descansar y meditar en la España nuestra de cara al siglo XXI, en la España adulta, madura, responsable, en la España nuestra.
Solo iba a hablarte de Santa Ana. Mejor, de su antesala, con la vista más hermosa de Jumilla, y un bosque de pinos que huele a romero, a santuario, a lugar santo. El papá
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