Una Tesis Doctoral.
30 octubre 2023
Murcia, las ocho, lunes. Te sigo contando mi Tesis doctoral, dirigida por don José Belmonte, en la Universidad de Murcia, a comienzos de este siglo:
UNA TESIS DOCTORAL
-Mi Tesis quiero hacerla sobre El Quijote, -le dije.
-Se quedó mirándome asombrado y luego respondió:
-¿Por qué?”.
-Porque me encanta el personaje, - respondí pronto.
-Permaneció callado, nos miramos largo rato, luego siguió:
-Del Quijote se ha dicho todo…; hay tantos estudios sobre la novela de Cervantes…
Seguimos callados, observándonos de nuevo. Ahora fui yo quien musitó:
-¿Cómo dejar a un amigo de toda la vida en la estacada?
-Qué quiere decir? -me preguntó como si no comprendiera.
-Que mi Tesis será sobre El Quijote, -insistí.
-Propóngame algunos aspectos del Quijote. que yo le diré si el terreno está hollado, explorado, estudiado, o, por el contrario, está por hacer, -siguió él.
Salí de su despacho triste pero, al mismo tiempo, firme, seguro de encontrar ese terreno virgen, en el que nadie hubiera reparado antes, reservado para mí.
Pasé días pensando en la novela de Cervantes. Casi obsesivamente, mi pensamiento estaba ocupado con el tema de mi Tesis, sin salirme de las aventuras del hidalgo don Alonso Quijada o Quesada, que en esto no estuvieron de acuerdo los autores.
“¿Por qué no hablar de un personaje de los muchos que pululan por el libro?” -me decía. Pero pronto lo descartaba. “¿Y un diccionario con las palabras contenidas en El Quijote?” -pensaba luego. Me fijé en su compañero Sancho Panza , “de poca sal en la mollera”. “¿Por qué no estudiar a Sancho y su proceso de “quijotización” en el lenguaje a lo largo del libro?”.
Me senté delante del ordenador y me puse a escribir los diálogos del escudero a lo largo de los ciento veintiséis capítulos de que consta la obra. Diálogos de Don Quijote con los duques, con el cura, con Sansón Carrasco, con el ama, con la sobrina, con los pastores…
A los cuantos días fui a ver de nuevo al Profesor. Le llevaba propuestas de trabajo para mi Tesis doctoral. Hablamos ilusionados, sobre todo yo, que no renunciaba a escribir de lo que fuera sobre el Quijote. Vio que yo no cedía, que quería sacar agua de un desierto. Lo reté con la avispa. “Yo le ofreceré el tema” -le quería decir.
Entonces don José, como pensando, como hablando consigo mismo, farfulló más que dijo, arrastrando sus palabras: “¿Por qué no desarrolla algún aspecto relacionado con la Escuela, ya que ha pasado usted tantos años en la enseñanza?”.
De pronto lo vi: “¡Eureka!” -exclamé-. “Ya lo tengo. ¿Cómo he tardado tanto en verlo?”.
-Qué es lo que ha visto? -preguntó intrigado.
Salí precipitado. Ya en la puerta, le dije: Luego vuelvo, don José, luego vuelvo. Y salí corriendo por los pasillos de la Universidad.
Las ideas me saltaban atropelladamente. Quería decir tanto que estuve días escribiendo sin dormir. Luego cogí mis folios y fui de nuevo a la Universidad. Don José cuando me vio entrar, dejó otros papeles que tenía en sus manos y dijo: “Cierre la puerta y siéntese, por favor”. saltaba a la vista que me estaba esperando.
Hablamos y hablamos no sé cuánto tiempo. Él hojeaba (ahora de hoja) mi mamotreto con atención. Al fin, sonriéndome, dijo: “Esto sí”. Y ese trabajo que presenté a don José Belmonte Serrano, Director de mi Tesis, es el que quiero exponer aquí.
Continúa
Francisco Tomás Ortuño
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