Unos cuantos agitadores. La historia se repite.

21 Octubre 2023

   Murcia, sábado, las nueve, día otoñal tirando a invernal, de todo nos quejamos, si llueve, mal; si no llueve, peor.

   16 diciembre 1977

   En España hay malestar.- Las 7:30 h de la mañana, de noche, silencio. ¡Qué silencio más estupendo!, ¡qué paz! ¿Pero hay de verdad silencio?, ¿hay paz? El silencio y la paz van con nosotros. Hoy en mí hay paz y hay silencio, un silencio que habla, elocuente, que yo escucho, que palpo y acaricio.

   Un silencio que me habla de bienestar, de tranquilidad, de salud, de triunfo, de vacaciones de Navidad. Un silencio elocuente el mío a estas horas de la madrugada, que me dice que todo marcha bien, que mi deber se va cumpliendo debidamente, que mis hijos crecen sanos, que mi mujer es feliz.

   Sin embargo, en España hay malestar. Por eso digo que la paz está conmigo, que este silencio está aquí y ahora -hic et nunc- pero fuera de aquí ¿qué pasa? Ayer cerraron la Universidad de Murcia: vacaciones anticipadas. Los alumnos que quieren estudiar, no pueden.

   Algo ocurre en España que no funciona, que provoca huelgas, enfrentamientos y hasta muertes. Que pronto acabe esta zozobra en que vivimos: robos en casas, desaparición de coches, de personas. Vivimos sin seguridad. Hace falta que la paz vuelva.

   Los españoles españoles, abrumadora mayoría, tampoco la desean. Ergo, nos dejamos llevar de unos cuántos agitadores, mercenarios, pagados para alterar el orden y crear la confusión: estudiantes, obreros, profesionales de la enseñanza…

   En todas partes cunde el malestar porque estos mercenarios se cuelan sibilinamente en todas partes. Nos dejamos llevar por unos pocos pagados que nada tienen que perder. Hoy España está pasando un mal momento. Aquí hay silencio, hay paz, pero fuera no. En la calle hay desorden y miedo, que es todo lo contrario.

   Si cada persona se ocupara solo de lo suyo, la situación cambiaba de signo. Esa puede ser la solución: cada cual a lo suyo. Pero que el Profesor esté fuera de clase, en reuniones políticas, que el albañil no esté en el tajo.

  Que el estudiante no esté con los codos pegados a la mesa delante de sus libros, o que el médico no reciba a sus pacientes, Señores, así no pueden ir las cosas como deben. Entre todos hundimos, sin darnos cuenta, lo que tanto queremos, que es nuestra propia casa.

                                                                                                                                           

Francisco Tomás Ortuño

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