La razón por encima de las pasiones.

10 Noviembre 2023 : San León Magno, Papa

   Murcia, jueves,  las nueve y sin novedad en el alcázar. Fuera, peor van las cosas. Pedro Sánchez firma la amnistía y cambia presos y fugados por seguir en la Moncloa.

   LOS ÁRBOLES

   El árbol empezó siendo una pequeña semilla, como tú y como yo. Cuida sus raíces: todo depende de ellas. y por eso se preocupa de hacerlas fuertes. Sabe esperar año tras año sin apresurar las cosas. Es fuerte: sabe resistir los inviernos duros y los fuertes y vientos.

   Ssbe aprovechar todo lo que recibe y convertirlo en algo valioso: agua, tierra, viento. Ofrece todo lo que tiene: leña, fruta, sombra, cobijo, etc. No se siente amenazado por el pájaro que anida ni por el leñador que corta sus ramas.

   No juzga ni guarda rencor cuando le hacen daño: entonces intenta reponer su pérdida. Está rodeado de árboles de diferentes especies, pero no compite por ser el mejor.  Cuando deja caer su fruto o sus hojas, alimenta la tierra. Tiene los pies en la tierra, pero siempre mirando hacia el cielo.

   Lo escribí el 21 de septiembre de 1979 en mi Diario: 

   Jumilla, viernes, la primera semana de Colegio ya ha pasado. Todo llega y todo pasa. Semana, por cierto, muy movida. Mas todo dispuesto para seguir el Curso sin complicaciones, si algo no altera la paz lograda. Ayer fuimos a Murcia: Pascual Jesús aprobó Primero de guitarra en el Conservatorio.

   Yo hablé con don Tomás sobre el comedor. Hoy he pagado a Manuel 5000 pesetas, y a mi hermano José María el Seguro de nuestro coche. También he encargado un radiocasete. Y así podría seguir la lista hasta cansar. Muchos frentes que atender: madres, maestros, casa, hijos…

   Pascuala retoca el cuadro grande de la Virgen cristobalina. Los hijos juegan por la calle. Los abuelos con sus achaques ya crónicos: la vista y la memoria. Pero la primera semana de Curso, se ha pasado. Hoy todo queda atrás y las perspectivas no son malas para el futuro.

   27 septiembre 79

   Jumilla, jueves, “La Verdad” me obsequia hoy con un Artículo que mandé a la Redacción del periódico: “La razón por encima de las pasiones”. El artículo es de rabiosa actualidad. Mañana iré a Murcia: la sustituta de Jerónimo tiene problemas de nombramiento en la Delegación:

   Pasado mañana, sábado y Santo de Miguel. Pascuala ha subido a Santa Ana andando con los mayores, a cumplir con la novena de San Francisco. La Virgen grande de don Cristóbal está terminada: unos retoques, barniz, y a entregar a su destinatario.

   Lina va al Colegio. Ahora va contenta con la Señorita Fina. Leer, lo que se dice leer, nada. Ángel y Miguel juegan por el monte, el día es superior, para estar fuera de casa. ¿Y la yaya Lina? Ay, las madres, cuanto más tontas se ponen más se quieren.

   La yaya Lina está francamente mal de la cabeza. De esto da fe más que nadie el abuelo, que está a su lado noche y día, día y noche, hora tras hora. La yaya Lina no es ya la madre que cantaba y atendía la casa; es un recuerdo. Para los demás, quizás, un estorbo. Para los hijos, algo que se adora, con sus achaques y sus necedades. Que tengamos luz para comprender que la vejez es así: una etapa de la vida  que necesita más que nunca de mimos y atenciones.

   12 octubre 1979 

   Jumilla, día del Pilar, viernes. Tres días para pasar aquí en el chalet, lejos del mundanal ruido, lejos de los problemas cotidianos. Bueno, tres días para disfrutar con la familia de nuestro campito. Vinimos esta mañana. Ahora, unos ven la tele, otros juegan, mamá hace cosas.

   Mamá nunca para: que si el espejo de nuestra habitación, el macetero del porche, la pila del aljibe, tierra para las macetas… algo lleva entre manos siempre. Y yo me he traído el libro de Pedagogía por si leo. En otro lugar he escrito que Tévar, don Josemaría, se marcha por el foro del Magisterio. Años y años batallando con niños, y ayer ¡zas! fin de la carrera. Sic transit gloria mundo.

   El cielo está cubierto, en la calle hace frío, el invierno se nos viene encima callandito, callandito. Hoy sábado, 13 de octubre, hemos bajado temprano al pueblo. Yo me he comprado unas botas de campo en Casa Canales por 600 pesetas. Pascuala ha pintado la reja del estudio. Antonio Vicente Alfaro ha venido a pasar el día con Pascual Jesús. La yaya Isabel se rompe un hueso.

   17 noviembre 1979

Jumilla, sábado. mucho viento. Hemos subido a dar una vuelta Francisco Amós, Miguel y yo. La yaya Isabel se rompió un hueso y fuimos a la Arrixaca. Mamá cuida de ella. Por eso no subimos más a menudo.

   A don Josemaría Tévar, el jueves, lo despedimos con una merienda-cena de los compañeros en el “Bar Pipa”. Yo me encargué del “Discurso de despedida” como Director.

   7 de diciembre 79

   Jumilla, sábado espléndido. He subido solo a dar una vuelta por el chalé. Silencio para pensar, todo era silencio y sol. Seguimos casa de la yaya Isabel, que anda con las garrotas nuevas que le compramos.

   El padre con tos perruna y constipado. La madre con la cabeza perdida y con pocas ganas de comer. Amós yendo y viniendo a Cartagena. Santiago con madrugones, que son su cruz y su martirio. Josemaría que no reposa, y el caso es que podía hacerlo mejor que otros.

   Nosotros sin problemas. Sinceramente, creo que la mujer en una casa es pieza clave, y Pascuala es un sol, pero un sol de muchos quilates, por decirlo de alguna manera. Francisco Amós va a cumplir doce años el día 27. Ya es un hombre.

   Estudia y comprende las ecuaciones y muchas cosas más. Tendremos que iniciarlo en asuntillos propios de sus años antes que lo hagan otros. Su edad es delicada. Las niñas lo buscan y él no sabe por qué. Su naturaleza va a despertar y debe estar preparado.

   Pascual Jesús es un crío formal. Sus 10 años le están a la medida. Quiere mandar y manda en los amigos. No debemos tratarlo ya como un crío: ni lo tolera ni le es aconsejable.

   Ángel Inocencio es un encanto: bueno, listo y coleccionista de lo que le echen Miguel un “balilla”. No quiere besos de sus yayas, ni quiere que lo traten como a un crío a sus siete años. Todo un modelo de niño sano, listo y bueno a sus 7 años recién cumplidos. Y Lina, que ya empieza a leer y a escribir, va por buen camino a sus 5 años

                                                                                                                             Francisco Tomás Ortuño.

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