Manos blancas no ofenden.
Murcia, uno de noviembre, miércoles, las ocho y media y sereno. Quiero decir sin novedad. ¡Vaya día el de ayer con la “JURA” de la Princesa Leonor por cumplir dieciocho años! El Rey, su padre, pensaría que muchas feministas estarían rezando por su muerte, para ver a Leonor de Reina.
Yo me acordaba de Fernando VII, padre de Isabel II, cuando estaba a punto de morir, y Calomarde le llevaba la mano para firmar la anulación de la Ley Sálica para que le sucediera su hermano Carlos. ¡Qué luchas por el poder! Ayer, ni eran todos los que estrechaban manos, ni estaban todos los que eran.
En el Concurso de la sobremesa, “Saber y Ganar”, en la Cadena Dos, hay un cántabro, historiador, que sabe mucho. Creo que va a llegar lejos. Yo lo sigo con admiración. Seguro que sabe quién fue Calomarde, que dijo: “Manos blancas no ofenden”.
Sigo con mi tesis. Las nueve menos cuarto:
Ofrezco tres Quijotes para una correcta enseñanza de la obra: Primero, Aventuras de don Quijote, para niños hasta 6 años. Segundo, Don Quijote de la Mancha, para niños de 6 a 12 años. Y el tercero, El Quijote explicado, para mayores de 12 años.
Aventuras de don Quijote.- En un lugar de la Mancha. Así empieza la historia de Don Quijote, libro muy famoso que escribió don Miguel de Cervantes. En un lugar de la Mancha, vivía un hidalgo llamado don Alonso Quijano, con su sobrina y el ama que cuidaban de él.
Don Alonso Quijano leía muchos libros, de caballerías sobre todo Y de tanto leer estos libros perdió el juicio. Quiso ser él otro caballero andante como los de sus libros. Se cambió su nombre por Don Quijote de la Mancha y se puso una armadura que tenía de sus abuelos.
Montó sobre un caballo, al que llamó Rocinante, y salió en defensa de los más necesitados. Hasta pensó en una joven, conocida suya, a la que llamó Dulcinea del Toboso, para ofrecer las victorias que tuviera, como hacían los caballeros de sus libros.
Así los demás capítulos y sus aventuras correspondientes. En estas Aventuras del Quijote, se buscará, sobre todo, que el niño oiga palabras nuevas relacionadas con cuento. El narrador sabrá qué palabras interesa remarcar para que el niño las aprenda.
Habrá términos que buscará repetir para que el niño se quede con ellos: hidalgo, adarga, rocín, venta, almena, peto, espaldar, celada, jumento, alforjas, gigante, rodela, bosque, arroyo, quijada, licenciado, bachiller, fiambrera, sentencia, etc.
No tanto dirá estas palabras para que el niño aprenda su significado cuanto porque las oiga y vengan a formar parte de su acervo cultural. Luego, el niño recordará estos términos y ya no serán desconocidos para él. Nada recordará que no haya visto ni oído.
Esto es lo que pretendo con mis Aventuras de Don Quijote: algo así como aprender las oraciones con la madre. No las comprenderá, pero quedan en su conciencia y en su mente para que, más tarde, le sean familiares. Francisco Tomás Ortuño Continúa.
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